En el Día del Panadero, el equipo de Korol en el aire dialogó con Leonardo Messina, responsable de Flores Porteñas, la panadería más antigua de Buenos Aires situada en Rivadavia 3129, quien contó cómo mantiene vivo un legado que perteneció a la familia de Sarmiento. "Es muy sacrificado, la verdad, pero uno ya está acostumbrado", afirmó sobre su rutina que inicia a las 4:30 de la mañana para abrir puntualmente a las seis.
El comercio es un pilar del barrio de Boedo donde la puntualidad es ley para los vecinos que lo usan como referencia horaria. "Un señor me dice: 'yo abro la ventana y veo que usted a las 6 en punto levanta la persiana, y sé que son las 6 de la mañana'", relató Messina sobre la importancia de la panadería que se fundó en 1885 y perteneció a Josefina, una de las ocho hermanas de Domingo Faustino Sarmiento.
La experiencia sensorial es la marca registrada del local, donde el aroma atrae a los transeúntes de forma inmediata durante toda la jornada.
"Acá se cocina pan todo el día, sale pan caliente todo el día... el olor del pan lo conoce todo el mundo, no hace falta más nada", destacó el panadero sobre el atractivo de su producción.
Messina subrayó que todavía utilizan métodos tradicionales para garantizar la calidad y el sonido característico del pan bien cocido. "Acá se cocina con las palas... cuando sacaban el pan con la pala y caía adentro del canasto, el ruido que hacía era totalmente crocante", describió con orgullo sobre la mística de su cuadra.
La panadería conserva especialidades que en otros lugares han desaparecido o cuyos nombres han sido olvidados por el paso del tiempo. "Las ensaimadas las trajeron los mallorquines que vinieron de España... se sabía que estaban antes que las medialunas", recordó Messina sobre la historia de los productos que ofrece.
Respecto a las nuevas generaciones, el entrevistado nota un desconocimiento de los nombres tradicionales de los panificados clásicos.
"Las nuevas generaciones no saben ni de qué hablo si pido un Felipe o un imperial ruso... te piden lo que se usa ahora", lamentó sobre el cambio en el lenguaje del oficio.
El compromiso con el cliente se mantiene incluso ante contingencias críticas como la falta de suministro eléctrico durante la elaboración. "Si se corta la luz hay que sacarlo y empezarlo a hacer a mano como se hacía antes... el pan tiene que estar sí o sí en el negocio", sentenció con firmeza.
Las medialunas de manteca siguen liderando las preferencias, aunque el uso del almíbar genera divisiones marcadas entre los clientes. "La que más sale es de manteca... la gente de afuera no las quiere con almíbar, pero acá en el centro las quieren todos así", detalló sobre el paladar porteño.
Messina destacó además que el local es refugio para quienes terminan la noche buscando un alimento contundente antes de ir a descansar. "Vienen todos con hambre a buscar sándwich de milanesa en pan de fonda... te lo preparan en el momento y no te dejan tirado", concluyó sobre la hospitalidad del histórico rincón.

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